"A todos los encantos amenaza finalmente la edad, devastadora de la belleza, y el orden natural de las cosas parece exigir que las cualidades sublimes y nobles reemplacen a las bellas, para que la persona vaya siendo digna de mayor respeto a medida que deja de ser amable."
Edad -Inmanuel Kant
Por existir. Solamente por mantener tu presencia, esa que me es indigna.
Por ser consciente, de una manera que yo nunca entenderé, del simple hecho de respirar.
Tan divina como tantas, hermosa, como muchas.
Pero, amor, yo sé que tu brillo es especial, ilumina esos rincones oscuros, donde ni la más leve brisa rozó.
Cientos, miles, las veces, esos ínfimos momentos cuando el aire se vuelve pesado y somos tu y yo.
Cuando todo es caliente y arde. Fuerte, firme. Se siente correcto.
Y baja la temperatura, todo se ralentiza y no puede evitar pensar. ¿Es este nuestro fin?
Puedo sentirlo en las yemas de los dedos, bajo la piel, real, el latir furioso de aquello que me fue arrebatado. ¿Un engaño?
Me contaron una vez, hace ya demasiado tiempo, la historia de un niño que se enamoró de uno mismo.
Y él, tan tierno e inteligente, cuando descubrió ese reflejo. La distancia fue demasiada. Y él, que no vio nunca nada más hermoso. Él, que en su fin se quedó muy quieto, frente a aquello que le capturó, porque no quería que escapara. Él, que se quedó observando, cada rasgo, cada exhalación...
No creyó en las voces, aquellas que insistían, que no era verdad. Que se moviera, porque no iba a huir. Pero él sabía, él era inteligente, estuvo tanto tiempo viendo, que la incógnita, la pregunta insinuada, aquella susurrada entre temblores cuando los párpados caían y todo se desvanecía.
"¿Es este el fin?
Y él respondió. Eran demasiadas las ansias de alcanzar su amor.
Él, que observando aquello tan hermoso, que ya no era tierno y la chispa de la inteligencia se disipó, cuando la locura lo reinó. Empuñó aquel filo y el carmesí ahogo todo, y como si el hechizo se hubiera roto, se movió una última vez para no volver a hacerlo nunca más.
Él, tan tierno, tan inteligente, tan loco. Y el hechizo se rompió y con la última exhalación la pregunta susurrada fue respondida.
"Nunca."
Nunca.
Tan cierto y tan equivoco.
El carmesí, tan agradable e intenso color, no tiene porque representar la muerte. Porque yo también tengo temblores y mis ansias no son incógnitas que te susurraré en noches donde la naturaleza se imponga, tan fuerte e imponente sobre nosotros.
Y las dudas vienen y me ahogan.
Y solamente tu que entiendes, no como yo, tu que eres tan bella, sabes que levantando la vista, siempre hacia el frente esta la respuesta.
Porque esas noches cuando los parpados se cansan y esta tu, me hablas, y me cuentas que aquel niño que se enamoró, no fue tan egoísta, no fue cruel.
Me arrebataste sin anestesia , sin aviso ni salvavidas, el corazón que late por y para ti.
Eres mi reflejo, aquel del que me enamoré.
Pero yo no soy aquel niño.
Tu eres potencia y control, y el filo que corta y fulmina las ganas de avanzar y se estanca.
Tu eres todo, tu eres la persona que cuando todo se ralentiza y me pongo a pensar, me insta que deje de hacerlo, porque dice que no hay necesidad.
Y todo, justo allí cobra sentido.
Absolutamente todo.
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